sábado, 15 de febrero de 2014

Sistemas tradicionales eficientes

¡Recomiendo para esta entrada, google chrome porque las imágenes, no sé por qué, se ven mucho mejor!

Hoy en Arquitectura del Oxígeno vamos hablar sobre algunos de los sistemas tradicionales más frecuentes en la ciudad de Madrid y que ofrecen unas soluciones térmicas interesantes.

¿A qué me estoy refiriendo? a aquellos sistemas que vemos en las tipologías más antiguas de la capital y de otras ciudades de este país y que han tenido una utilidad térmica bastante interesante. En el post de hoy hablaré sobre las típicas y castizas balconeras, sus persianas enrollables y los tradicionales fraileros de madera y su versión metálica posterior. Además, para ello, voy apoyarme con fotografías antiguas ¡empezamos!
Nadie puede negar que la balconera es uno de los elementos más característicos del casco antiguo. Cuando protagonizan los frentes de fachada de una calle, tú ya sabes, que esa calle tiene mucha historia. Pero además de ser un motivo formal y decorativo que representa una época, son estrategias bioclimáticas sencillas.




Estas ventanas son, dependiendo de la fachada y  sus proporciones, de entre 1.20 y 2.40 metros de altas. El material de su carpintería es de madera con perfiles relativamente finos, de dos hojas siempre y acristaladas en la mayor parte de su superficie. Su acristalamiento estaba subdividido originalmente por travesaños de madera o cinc en varias partes porque las piezas de acristalamiento entonces eran pequeñas.

En estos últimos años se han ido sustituyendo por piezas más grandes, con esto se elimina esos pequeños perfiles de unión y se reducen las perdidas.


No podemos negar que dónde hay vidrio, y si encima es antigua esa ventana, la transmitancia y las infiltraciones de aire van a suponer grandes pérdidas. Pero si sustituimos esos vidrios por otros más aislantes y una buena carpintería estanca, ese problema lo vamos a solucionar en gran medida.

Vamos analizar la importancia del balcón.
Tenemos gran superficie de acristalamiento, eso permite la entrada de una buena cantidad de soleamiento. En invierno, los rayos solares son más horizontales, así que el sol entra en todo  el espacio iluminándolo y calentándolo. En verano, en cambio no nos interesa esta radiación. En esta época los rayos solares tienen una incidencia más vertical y ese espesor de muro típico de este tipo de ventanas evita que gran parte del soleamiento entre al espacio interior.
En verano si te paseas por el casco antiguo de Madrid, aún podrás ver en algún caso esas persianas enrollables que cuelgan del balcón y que, quitando la estética anticuada, son muy útiles.


¿Por qué? Este complemento tan unido a las balconeras tiene como función, lógicamente, evitar la radiación solar. ¿Cuándo? en verano, que es cuando no nos interesa. Lo que en cambio si interesa es el aire. Pero no el aire caliente y desagradable sino uno fresquito, ese que tanto nos gusta cuando nos ponemos a la sombra.
El hecho de que estén colgadas del balcón no es ninguna casualidad, es la manera más eficiente de permitir la entrada de aire de las corrientes verticales que suben por la fachada provocadas por la diferencia de temperatura superficial existente entre las zonas soleadas y las que están en sombra.
Por tanto, no sólo evitamos la entrada de luz sino que permitimos el paso de aire fresco.


Fraileros
Desde el interior


























Otro de los elementos tradicionales de protección solar más emblemáticos son los fraileros de madera. Normalmente están  constituidos por una serie de lamas horizontales distribuidas en 4 hojas que se pliegan dos a dos o  abatiéndose hacia el exterior. La clave está, como en las persianas enrollables, en evitar la entrada de sol pero permitir la entrada de aire en verano y en cambio, en invierno cierras para impedir la entrada de aire.
Además en invierno ocurre una cosa muy interesante. Al cerrar las lamas del frailero, se crea una cámara de aire casi casi estanca entre este y el ventanal y eso permite reducir bastante las perdidas. Hacer esto por la noche es una estrategia muy inteligente para conservar el calor del interior.


Entrada Plaza Mayor
En esta imagen, en una de las entradas de la plaza mayor podemos ver los dos tipos de fraileros que hay: Los desplegables de 4 hojas y los abatibles hacia la fachada. Y entre ambos unos balcones falsos que tienen como única finalidad "armonizar" la fachada: "Los balcones donde nadie nunca se asoma". Bromas aparte, este sistema antiguo de protección solar es bastante útil si se utiliza como he explicado y sobre todo cuando estas lamas horizontales son abatibles.






También nos podemos encontrar una versión posterior al usual frailero de madera, con material metálico. Aparece como opción por ser un material más resistente pero de mayor impacto ambiental y peor comportamiento térmico. El metal en un gran conductor del calor y, para colmo, este tipo de frailero de chapa crea las lamas horizontales a través de cortes y pliegues en la misma chapa. Es decir, no son regulables y este factor era fundamental como estrategia bioclimática del frailero tradicional.


En resumen, funcionan mejor, como estrategia energética, los de madera. 

Por tanto, son mucho mejores todos aquellos sistemas de protección solar de lamas horizontales, preferiblemente de madera, que esas lamas horizontales sean regulables, que exista un espacio entre ellos y las ventanas para crear una pequeña cámara de aire en invierno. Por otro lado, los retranqueos en las ventanas son una estrategia sencilla para evitar parte de la radiación solar en verano. Otra opción, en lugar del retranqueo, es disponer de elementos de protección solar horizontal que sobresalgan del frente de fachada.
Lamentablemente aunque todo esto parece obvio, sobre todo, después de este análisis, fijaros en las casas de Madrid no tan antiguas, y veréis como muchas no lo tienen en cuenta.

Continuación: Sistemas Eficientes II

Las imágenes han sido recogidas de una publicación del COAM (1985)

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