jueves, 5 de diciembre de 2013

A un olmo seco


   Al olmo viejo, hendido por el rayo

y en su mitad podrido,


con las lluvias de abril y el sol de mayo,

algunas hojas nuevas le han salido.

   ¡El olmo centenario en la colina

que lame el Duero! Un musgo amarillento

le mancha la corteza blanquecina

al tronco carcomido y polvoriento.

   No será, cual los álamos cantores

que guardan el camino y la ribera,

habitado de pardos ruiseñores.

   Ejército de hormigas en hilera

va trepando por él, y en sus entrañas

urden sus telas grises las arañas.

   Antes que te derribe, olmo del Duero, 

con su hacha el leñador, y el carpintero

te convierta en melena de campaña, 

lanza de carro o yugo de carreta; 

antes que rojo en el hogar, mañana, 

ardas de alguna mísera caseta,

al borde de un camino;

antes que te descuaje un torbellino

y tronche el soplo de las sierras blancas;

antes que el río hasta la mar te empuje

por valles y barrancas,

olmo, quiero anotar en mi cartera

la gracia de tu rama verdecida.

Mi corazón espera

también, hacia la luz y hacia la vida,

otro milagro de la primavera.



Quería empezar este, mi blog, con este poema de Antonio Machado que desde hace muchísimos años se ha convertido en un himno inspirador, una oración a la esperanza y a la elegancia. 
No había un mejor ejemplo.

He marcado los últimos tres versos porque son los que sin duda más calaron en mí. Los buenos poemas terminan mejor, y este cierra con un mensaje que deberíamos grabarnos a fuego.

Yo no soy experta en poesía, yo sólo disfruto de ella y de lo que me hace sentir, así que mi interpretación puede estar muy alejada de la que haría un experto en la materia pero para mí esta poesía es perfecta para escribir sobre dos aspectos. Por un lado la naturaleza es la fuente de información gratuita mas potente del mundoPara aprender y comprender no hay mejor acción que la de observarla. En este caso ver que de lo que aparentemente está muerto, que de un ser yaciente surge la vida, historias, lugares de hábitat para otros organismos y que la naturaleza es tan culpable (el rayo) como dulce cómplice de lo más maravilloso que puedas imaginar. 

Cuando parece que ya terminan cosas acontecen nuevas oportunidades.

Y por otro lado, somos naturaleza, somos parte del ciclo. La desnaturalización de la persona, el alejarse de su propio origen o identidad esta provocando que cada día estemos más desorientados, seamos más frívolos y menos felices. 

Volver a la naturaleza es la clave para volver a ser lo que somos y desvincularse de esta idea es vivir al margen de un ciclo maravilloso donde nada es en vano, donde el fin es principio: "De la cuna a la cuna"

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